Comodidad


El otro día me acordé de nosotros sentados en la peatonal charlando de temas ridículos. Hablando de los goles del domingo; de esa película que fue un bodrio; de por qué te cuesta tanto superarla a ella; de cómo él, si hubiese esperado, capaz hoy te disfrutaba; de Dios y de la tetona de turno que se pasea por TV.

Hace unos días, una tarde, como un fantasma llegó a mí el silencio de esas siestas que pasábamos sentados uno enfrente del otro, sin mirarnos ni prestarnos atención pero con la satisfacción de saberte ahí.

Caminando, una canción de un negocio me hizo acordar que podría reconocer tu risa entre muchas y que eso me provocaría una carcajada, que en la misma multitud, vos también reconocerías.

No es que no lo supiera de antes, pero el martes pasado caí en la cuenta que en esas situaciones en la que nos poníamos incómodos, si el otro estaba ahí, la incomodidad era menor.

Sé que puedo pasar un año sin verte y, así y todo, cuando te vuelva a encontrar, no te abrazaré tan efusivamente, porque pensaré que te vi ayer.

Luce incompleto ese banco sin nosotros.

Todavía siento en mis manos ese cigarrillo. Todavía huelo ese verano. Todavía saboreo esa cerveza. Todavía escucho tus palabras. Todavía conservo tu mirada.

Eso es comodidad. Algo que estuvo presente en todas y cada una de nuestras charlas.
Pensando mientras escribo esto, en todo lo que he mencionado, concluyo que el punto final se aproxima. Y que en vez de escribir tanto sobre todo lo que te quiero, te lo voy a demostrar con abrazos, con risas, con cervezas.


Con comodidad.

Esperame. En un rato estaré por allá.

1 comentario:

Animar dijo...

BUenas!
Paso por su blog y me encontré con este hermoso escrito...
Me gustó.
Saludos!