Martina


Como una picardía del destino, al otro día, después de que pasara ese gran primer momento, Martina se sintió feliz porque descubrió, con ese llamado, que había alguien que pensaba en ella (o que al menos empezaba a pensarla).

Estornudó riendo esta vez, cuando notó que la lluvia de la tarde anterior no solo les iba a dejar un resfrío como huella.

Martina, una tarde, cayó en la cuenta que su lazo con él tenía algo nuevo, único. Por primera vez sentía que una relación era mejor siendo vivida que siendo contada.

Un día de campo, mientras todos corrían divertidos y ella tomaba sol al costado de la pileta, él pasó rápido, furtivo y le dejó un papel en la palma de su mano en el que le decía, simplemente, que la amaba. Todo para que Martina cerrara sus ojos, suspirara y sonriera.

A Martina le encantaba sentir el calor de la pierna de él cuando se sentaban juntos en alguna reunión.

La lengua de Martina no distinguía entre el sabor del chocolate que él le regalaba cuando la esperaba a la salida de su trabajo, y el cuello de él en alguna siesta que dejaba de ser aburrida.

A Martina le fascinaba capitular en sus guerras ante una mirada de él.

Sin embargo, todo lo narrado pasó en un tiempo que no fue.

Una pena por ella. Porque esa tarde lluviosa, cuando le sonrió con compasión y le dijo a él que no, Martina no sabía lo que se estaba perdiendo…

4 comentarios:

diego dijo...

Nuevamente lo felicito, y me enorgullece ser el primero en firmar esta vez. Porque yo siempre firmo, ¿vio?. Un abrazo.

viyi dijo...

Muy bonito. ¡Lindo blog!
Prometo pasar mas seguido.
Un beso.

Viviana dijo...

La verdad que me encanto

Anónimo dijo...

Y hay tantas cosas que nos perdemos, tantas decisiones estúpidas tomamos.
¿Qué hubiera pasado si..? me pregunto todo el tiempo. Pero bueno, son la cobardía y la necedad también, las que nos llevan a hacernos la cabeza con cosas que pudieron haber sido. Martina es sólo una víctima más, de la cobardía y necedad humana.
Hermoso texto Barba :)

La que permanece en el anonimato.